En qué consiste realmente el estándar
La IATA publica el Reglamento sobre Transporte de Animales Vivos, y el Container Requirement 1 es el apartado que cubre a perros y gatos. Describe un recinto rígido —plástico moldeado, fibra de vidrio o madera— con techo sólido, suelo estanco y una puerta que no se pueda abrir de un empujón. Las aerolíneas adoptan el estándar como mínimo y después añaden sus propias condiciones, así que un transportín puede cumplir la normativa de la IATA y aun así ser rechazado por una aerolínea concreta. Trata el reglamento como el suelo mínimo y la ficha técnica escrita de la aerolínea como el requisito real.
Cómo medir a tu animal
Cuatro medidas determinan el tamaño. A es de la punta del hocico a la base de la cola, B es del suelo a la articulación del codo, C es la anchura entre los hombros, y D es la altura desde el suelo hasta la parte superior de la cabeza o la punta de las orejas, la que sea mayor. La longitud interior debe ser al menos A más la mitad de B, la anchura interior al menos el doble de C, y la altura interior al menos D. La comprobación final es de comportamiento, no numérica: el animal debe poder estar de pie sin tocar el techo, girarse por completo y tumbarse en una posición natural.
Ventilación, tornillos y herrajes
Los transportines internacionales generalmente necesitan aberturas de ventilación en los cuatro lados, con una parte sustancial de la superficie total de apertura en la mitad superior. Las dos mitades deben unirse con tuercas y tornillos metálicos en todo el perímetro; los clips de plástico a presión que traen muchas jaulas de venta al público son el motivo más habitual por el que se rechaza un transportín en el mostrador. Las puertas deben ser metálicas, con un pestillo de resorte o de cierre central que encaje en el marco por arriba y por abajo. Las ruedas deben retirarse o inmovilizarse, y las barras espaciadoras externas mantienen la ventilación despejada cuando el transportín se carga junto a otra mercancía.
Equiparlo para el vuelo
Fija los recipientes de comida y agua en el interior de la puerta para poder llenarlos desde fuera sin abrir el transportín, y pega con cinta una pequeña bolsa de comida en la parte superior. Cubre el suelo con ropa de cama absorbente —un empapador bajo una manta funciona bien—; la paja y el heno están prohibidos en muchos países por motivos de bioseguridad. Marca el transportín con etiquetas de «Animales Vivos» y flechas de «arriba» en al menos dos lados, y añade una tarjeta con tu nombre, tus números de teléfono, el nombre del animal e instrucciones de alimentación. No añadas un candado; el personal de manejo puede necesitar abrir la puerta en una emergencia.
Acostúmbralo con semanas de antelación
Compra el transportín con antelación y déjalo abierto en casa con ropa de cama familiar dentro, para que se convierta en un lugar normal de descanso y no en algo que solo aparece el día del viaje. Dale de comer dentro, y después empieza a cerrar la puerta durante periodos breves, alargándolos poco a poco. Practica un trayecto en coche dentro del transportín si el animal va a viajar en él hasta el aeropuerto. Un animal que ya duerme en su transportín soporta mucho mejor la facturación, la carga y un vuelo largo en bodega que uno que lo conoce por primera vez en la terminal.